Encuentro de defensores y defensoras del ambiente traza prioridades para fortalecer la incidencia territorial ante el deterioro del espacio cívico y la crisis climática en la región

Líderes y lideresas indígenas y garífunas defensoras y defensores del ambiente, tierras y territorios

El Proyecto Aporto es una iniciativa centroamericana conjunta entre la Red de Desarrollo Sostenible-Honduras (RDS-HN), La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Guatemala, y La Fundación Comunicándonos, El Salvador. Es apoyado técnica y financieramente por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá.

En una Centroamérica marcada por disputas cada vez más intensas sobre los territorios, los bienes comunes y el ejercicio de derechos, este encuentro permitió poner en común aprendizajes, redefinir prioridades y fortalecer una agenda de incidencia con mayor capacidad de interlocución y acción.

Como parte de su apuesta por fortalecer el espacio cívico y la justicia climática, la Fundación Red de Desarrollo Sostenible-Honduras (RDS-HN), mediante el proyecto APORTO, impulsó el Encuentro 2026 de defensores y defensoras para consolidar una lectura estratégica del contexto y reforzar la acción territorial frente a las presiones que afectan los bienes comunes, los derechos colectivos y la participación social.

Mujeres defensoras
Líderes y lideresas defensoras del ambiente

El encuentro permitió situar el proceso en una perspectiva de mayor alcance. Revisar el camino recorrido, reconocer los cambios promovidos y, sobre todo, identificar con mayor precisión los retos que hoy demandan respuestas articuladas desde los territorios. La conversación puso en el centro una convicción compartida, “la defensa del territorio no puede reducirse a la reacción frente a amenazas inmediatas, sino que requiere organización sostenida, capacidad de interlocución, construcción de alianzas y una agenda de incidencia capaz de vincular las realidades locales con debates más amplios sobre democracia, justicia climática y derechos.”

El encuentro también permitió valorar con mayor claridad el espesor político de los procesos construidos en los territorios en los últimos años. Más allá de los avances en formación, intercambio y reflexión, lo que se hizo visible fue una capacidad creciente para leer el contexto con más herramientas, nombrar con mayor precisión los conflictos y sostener respuestas colectivas con una perspectiva de más largo alcance. Ese acumulado no solo fortalece a las comunidades en el presente; también abre una etapa que exige mayor articulación, mejores condiciones para la incidencia y una apuesta más consistente por la continuidad organizativa. En palabras de uno de los defensores participantes, “en la unión está la fuerza; si otros compañeros tienen dificultad nos juntamos y trabajamos para salir adelante”.

Uno de los elementos más significativos de la jornada fue constatar que los desafíos que enfrentan los territorios no operan por separado. La disputa por la tierra, la fragilidad de los mecanismos de protección, las barreras para la participación, los riesgos que enfrentan las mujeres defensoras y las presiones derivadas de la crisis climática forman parte de un mismo entramado. Frente a ello, las y los participantes insistieron en la necesidad de fortalecer la organización comunitaria, ampliar la formación política y sostener el relevo generacional como una condición para no ceder terreno. “Una de las cosas primordiales de fortalecer es la organización comunitaria”, señaló un participante, al acentuar que una comunidad aislada queda más expuesta, mientras que una comunidad articulada amplía su capacidad de defensa y propuesta.

El intercambio, además, conectó las experiencias locales con una lectura más amplia del momento centroamericano y de las presiones que enfrentan hoy quienes defienden territorios, bienes comunes y derechos colectivos. Esa conexión entre escalas permitió comprender que muchas de las tensiones que viven las comunidades no son episodios aislados, sino expresiones territoriales de dinámicas más amplias de exclusión, despojo y concentración de poder. Desde esa perspectiva, la incidencia dejó de aparecer únicamente como visibilización y se reafirmó como una práctica que requiere organización, legitimidad social, capacidad narrativa y claridad política. En esa línea, también quedó planteada una exigencia de futuro: “debemos continuar con la articulación, la organización y replicar el relevo generacional.”

De cara a los próximos meses, queda la orientación clara de profundizar el fortalecimiento organizativo, sostener la articulación entre actores territoriales, robustecer la participación de las mujeres en los procesos de defensa y consolidar rutas de incidencia que permitan posicionar con mayor fuerza las demandas y propuestas de las comunidades.

Para RDS-HN, acompañar estas iniciativas implica apostar por una construcción de largo aliento, una en la que la defensa del espacio cívico y la justicia climática no se abordan como consignas, sino como dimensiones inseparables de la posibilidad de sostener territorios con derechos, comunidades con voz y agendas capaces de disputar condiciones más justas para el presente y el futuro.

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